La nada

Todo el mundo sabe de donde venimos. Nadie lo ignora, aunque quisiera, que al principio de todo no había nada. Pero nada en su más vasta expresión, no estabas vos, no estaba yo, no estaban tus padres, ni los padres de los padres de los padres de tus padres. Tampoco había mar, ni océanos, ni glaciares. No había luna, ni estrellas. Aún no había nacido el sol.
Esto quiere decir que todos nacimos de la nada. Y como los hijos se parecen a los padres, no me cabe duda que dentro nuestro, en algún rincón, hay un reflejo de nada. Mínimo y ya irreconocible por el paso de miles de millones de años (y es muy posible que me quede corto) que lo han cubierto de miles de espejismos.
Pero de vez en cuando asoma, se los aseguro. O acaso, ¿nunca les ha pasado estar como ausentes? (como diría Neruda). O sentir que por un momento no pertenecían más al mundo, no estaban, y en su lugar no había nada, ni nadie. Aún más, su mente estaba en blanco, por eso, si los interrumpen y les preguntan: “¿en qué estabas pensando?”, responden “en nada”.
No traería este momento a este escrito si no fuera por un motivo, y aquí está: creo que en esos momentos en que uno está como ausente, en que se ha despojado de todo aquello que le pesa y que no es parte de su identidad, en ese momento en que solo queda de uno lo más esencial que es una presencia etérea que mancha el espacio solo con un sentimiento de ausencia carente de todo lo superfluo de lo cual siempre estamos llenos cuando estamos presentes. En ese instante, es el mejor en que uno puede detectar quién lo quiere. ¿Y cómo? Es sencillo: aquella persona que nota la ausencia de uno mismo, que ve la esencia en la no presencia de uno, seguramente es porque su esencia se parece a la nuestra. Y esto, es algo importantísimo que no puede verse en la vida común, en la embarazosa presencia, en la falsa presencia.
Por esto, invito a quién quiera, a practicar más la ausencia que la presencia. Tal vez este loco y estos párrafos sean una colección de sinsentidos notorios que lo único que logran es apenas un juego de palabras interesante. Pero, tal vez, haya algo de verdad en lo que digo, y descubrir la verdad es algo tan complicado y azaroso que creo fervientemente que bien vale una prueba, o dos, o tres. Después de todo, yo mismo debo probarlo, ya que esté pensamiento me acaba de nacer y no sé si sea cierto. Eso sí: no lo voy a dejar escapar, estaré atento, y, si en algún momento puedo mejorarlo, seguiré escribiendo. Y sino quedará trunco, y estas palabras se convertirán en nada, y volverán a renacer.
Este escrito me gustó mucho. Lo escribió mi esposo, en un intento de escribir (algo que yo le venía pidiendo desde hace mucho…) Él ha escrito cuentos muy lindos, pero nunca publica nada. Hoy hace su debut aquí y eso me pone muy contenta. Quizás después de esto se anime a escribir mas seguido y hasta empieze su propio blog.
Convencelo de empezar un blog. Me ha gustado mucho lo que escribió.
Es verdad! Yo siento que quiero a mi novia cuando esta ausente. jaja